También quería hablar un poco de mi experiencia personal. Lo que voy a decir es seguramente raro y disonante, pero estoy seguro de que no soy al único que le pasa.

Es como si hubiera llegado un punto en el que no sé a qué lugar pertenezco. Cuando cambias tu vida, sales de tu zona de confort y viajas, es como si pertenecieras al mundo y no a un lugar en específico. Eres de muchos sitios y a su vez de ninguno.

Creo que esto debería de ser así, ya que las fronteras son límites físicos y sociopolíticos que hemos establecido en diversos momentos de la historia. Cada lugar se ha fincado bajo el mandato de alguien que decidió cómo debía dividirse cada lugar.

Pero volviendo, a esa extraña sensación a la cuál siento que no pertenezco a ningún sitio y a su vez a todos. Ésta sensación no me pasa cuando voy al campo. Todo es verde, hay árboles, hay mosquitos e incluso bichos que prefieres que no hubieran pertenecido nunca a la faz de la Tierra. Todo es tan similar, pero tan diferente que tú mismo acabas en una simbiosis contradictoria con la propia naturaleza.

Conectar y arraigarse a un lugar es necesario, al menos desde el momento en que decidimos crear un lenguaje propio para poner nombres a cada cosa y establecer por ende, posesiones. Pero la naturaleza no es así, puedes ponerle mil nombres, puedes describirla, pero siempre será diferente. Siempre conservará una pureza y genuidad inalterable. Por eso, me gusta lo que veo cuando voy a estos sitios. Es diferente. Como tú, como yo y como cualquier persona que esté leyendo ésto. No necesita definición alguna, se basta simplemente con existir.

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